Inicio Rebaño Fundador New York Times A SUS 81 AÑOS, MARTHA STEWART SE DESPOJA DE INHIBICIONES 

A SUS 81 AÑOS, MARTHA STEWART SE DESPOJA DE INHIBICIONES 

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Por: Ruth La Ferla

Martha Stewart es la estrella de la edición de trajes de baño de Sports Illustrated

A los 81 años, la diva de la vida doméstica habla de cómo se despojó de sus inhibiciones y (casi toda) su ropa para la portada.

Es inútil intentar encasillar a Martha Stewart. Ama de casa decorosamente entretenida, gurú del estilo de vida, personalidad de la televisión, editora, empresaria astuta convertida en delincuente de guante blanco, la improbable mejor amiga de Snoop Dogg… son etiquetas que hila, o deja caer cuando le conviene, tan hábilmente como un malabarista. 

Resistiendo a los intentos de encasillarla o difamarla, Stewart ha sobrevivido, incluso prosperado, “no como una supermujer”, como dijo una vez Joan Didion, “sino como una mujer común”. 

Pero ahora, a sus 81 años, parece decidida a librarse también de esa etiqueta, cambiando su personaje de “diosa doméstica” por algo más osado: la Martha atrevida, un bombón que, al parecer, se despojará de sus inhibiciones con la misma facilidad con la que pela una mazorca de maíz. 

No es la primera mujer de más de 60 años que aparece en la portada. A sus 74 años, Maye Musk ostenta esa distinción. Pero Stewart puede ser la participante más cándidamente alegre en lo que parece un intento de Sports Illustrated de crear controversia y mantener su relevancia.

“En realidad fue un reto bastante grande. Tuve que asegurarme de que estaba preparada para posar en traje de baño. Hacía falta un poco de vanidad, pero también un poco de confianza. Pensé: “Si me siento lo suficientemente bien física y mentalmente para hacer algo así, estoy dispuesta”, confesó Martha Stewart.

“Sigo sana, tengo el pelo bonito y la piel bien. En cuanto a los filtros, olvídalo. Acudo a mis citas faciales con Mario Badescu. Lo hago religiosamente una vez al mes desde hace cuarenta y tantos años”. 

PIONERO DE LA IA ADVIERTE DEL PELIGRO DE LA TECNOLOGÍA

Por Cade Metz.

Foto Crédito: Doug Mills/ The New York Times.

Geoffrey Hinton, el padrino de la IA, desarrolló la tecnología que está en el corazón de chatbots como el ChatGPT. Ahora le preocupan sus implicaciones y riesgos. 

En 2012, Hinton y dos de sus estudiantes de posgrado de la Universidad de Toronto crearon una tecnología que se convirtió en la base intelectual de los sistemas de IA que las empresas más grandes del sector tecnológico consideran clave para su futuro.

Sin embargo, se unió de manera oficial a un creciente coro de críticos que afirman que esas empresas están corriendo hacia el peligro con su agresiva campaña para crear productos basados en la IA generativa, la tecnología que impulsa chatbots populares como ChatGPT.

Hinton contó que había renunciado a su puesto en Google, donde trabajó durante más de una década y se convirtió en una de las voces más respetadas en este campo, a fin de poder hablar libremente sobre los riesgos de la IA. Una parte de él, afirmó, lamenta ahora el trabajo de su vida.

“Me consuelo con la excusa habitual: si yo no lo hubiera hecho, habría sido alguien más”, dijo Hinton durante una larga entrevista.

El paso de Hinton de pionero de la IA a profeta pesimista marca un momento extraordinario para la industria tecnológica, quizá en su punto de inflexión más importante en décadas. 

Los líderes del sector creen que los sistemas nuevos de IA podrían ser tan importantes como el lanzamiento del navegador web a principios de la década de 1990 y podrían implicar avances en ámbitos que van desde la investigación de fármacos hasta la educación. 

Sin embargo, muchas personas del sector temen que estén liberando algo peligroso. La IA generativa ya puede ser una herramienta para la desinformación, un riesgo para el empleo y un riesgo para la humanidad. 

“Es difícil evitar que los malos la utilicen para cosas malas”, expresó Hinton. 

Después de que la empresa emergente OpenAI de San Francisco lanzó una nueva versión de ChatGPT en marzo, más de mil líderes tecnológicos e investigadores firmaron una carta abierta en la que pedían una moratoria de 6 meses en el desarrollo de nuevos sistemas porque las tecnologías de IA plantean “profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”.

Varios días después, 19 líderes de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial, una sociedad académica con 40 años de antigüedad, publicaron su propia carta con el fin de advertir sobre los riesgos de la IA. 

En ese grupo figuraba Eric Horvitz, director científico de Microsoft, la empresa que ha desplegado la tecnología de OpenAI en una amplia gama de productos, incluyendo su motor de búsqueda Bing.

En 1972, como estudiante de posgrado en la Universidad de Edimburgo, Hinton adoptó una idea llamada red neuronal. 

(Una red neuronal es un sistema matemático que aprende habilidades analizando datos. En aquella época, pocos investigadores creían en la idea. Pero se convirtió en el trabajo de su vida). 

En la década de 1980, Hinton era profesor de informática en la Universidad Carnegie Mellon, pero abandonó esa institución para irse a Canadá porque dijo que era reacio a aceptar financiamiento del Pentágono. 

En esa época, la mayor parte de la investigación sobre IA en EU estaba financiada por el Departamento de Defensa. 

Hinton se opone de manera profunda al uso de la IA en el campo de batalla, lo que él califica como “soldados robot”.

En 2012, Hinton y dos de sus estudiantes en Toronto, Ilya Sutskever y Alex Krishevsky, construyeron una red neuronal que podía analizar miles de fotografías y enseñarse a identificar objetos comunes, como flores, perros y autos.

Google invirtió 44 mdd para adquirir la empresa creada por Hinton y sus estudiantes. Además, su sistema condujo a la creación de tecnologías cada vez más potentes, incluyendo nuevos chatbots como ChatGPT y Google Bard. 

Sutskever pasó a ser científico jefe de OpenAI. En 2018, Hinton y otros dos antiguos colaboradores recibieron el Premio Turing, llamado “el Premio Nobel de la informática”, por su trabajo en redes neuronales.

Más o menos al mismo tiempo, Google, OpenAI y otras empresas comenzaron a construir redes neuronales que aprendían de enormes cantidades de texto digital. 

Hinton pensaba que era una forma muy potente de que las máquinas entendieran y generaran lenguaje, pero inferior a la forma en que lo hacían los humanos.

El año pasado, cuando Google y OpenAI crearon sistemas que utilizaban cantidades mucho más grandes de datos, su perspectiva cambió. 

A medida que las empresas mejoran sus sistemas de IA, él cree que se vuelven cada vez más peligrosos. “Recordemos cómo era hace 5 años y veamos cómo es ahora. Eso da miedo”.

Ahora que Microsoft impulsó su motor de búsqueda Bing con un chatbot —lo que desafía el negocio principal de Google—, Google está compitiendo para implementar el mismo tipo de tecnología. 

Los gigantes tecnológicos están atrapados en una competencia que podría ser imposible de detener, dijo Hinton.

Su preocupación inmediata es que internet se llenará de fotos, videos y textosfalsos, y una persona promedio “ya no podrá saber qué es verdad”.

RIESGO LABORAL 

También le preocupa que, con el tiempo, las tecnologías de la IA revolucionarán el mercado laboral. Hoy en día, los chatbots como ChatGPT tienden a complementar a los trabajadores humanos, pero podrían remplazar a los asistentes legales, asistentes personales, traductores y otras ocupaciones que manejan tareas más cotidianas. 

“Elimina el trabajo pesado. Pero es posible que nos quite más que eso”.

AMENAZA PARA LA HUMANIDAD

En los próximos años, le preocupa que las versiones futuras de la tecnología sean una amenaza para la humanidad porque a menudo aprenden un comportamiento inesperado de la gran cantidad de datos que analizan. 

Esto puede convertirse en un problema, aseguró, si las personas y las empresas permiten que los sistemas de IA no solo generen su propio código de computadora, sino que también lo ejecuten por su cuenta.  Y teme el día en que las armas en verdad autónomas —esos robots asesinos— se hagan realidad.

“Pensé que faltaban entre 30 y 50 años o incluso más. Obviamente, ya no pienso así”.

Hinton cree que la competencia entre Google y Microsoft y otras empresas se convertirá en una carrera global que no se detendrá sin algún tipo de regulación a nivel mundial.

A diferencia de las armas nucleares, aseguró, no hay forma de saber si las empresas o los países están trabajando en la tecnología en secreto. 

La mejor esperanza es que los principales científicos del mundo colaboren en formas de controlar la tecnología. 

“Creo que hasta que hayan entendido si pueden controlarlo, no deben desarrollar más esto”, dijo.

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