La vida sigue

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Un asunto familiar, me obligó a viajar a CDMX. Ante la amenaza de la pandemia, los movimientos rutinarios (pasar x un aeropuerto, subirse a un avión, tomar un taxi) tienen un cariz: SON UN RIESGO PARA LA SALUD. No en forma instintiva, sino muy consciente, asumes que tocar cosas, acercarte a la gente, puede abrir la rendija al bicho.

Los incidentes fueron menores. En los aeropuertos te toman la temperatura con cámaras telescópicas, que no ves. Te obligan a mantener sana distancia, marcando sillas donde no te puedes sentar. Parece una precaución inútil. Por la cercanía de los asientos, EL AVIÓN ES EL RIESGO MAYOR.

Aunque las aerolíneas te obligan a portar cubrebocas al abordar, ALGUNOS DESCREÍDOS SE LOS QUITAN APENAS LLEGAN A SU ASIENTO. En el vuelo de ida no pasaban de 1/2 docena, todos dormidos con la boca semiabierta. La aeromoza tampoco tenía tapabocas. “Es que estamos desayunando”, explicó.

VUELAS SIN SANA DISTANCIA, que tampoco puedes mantener al recoger el equipaje o en la fila de taxis. Salvo esas minucias, mi impresión general es que LA GENTE SE ESTA CUIDANDO Y BIEN. Sin duda es cuestión de estatus económico, pues no vi escenas cotidianas de la TV (multitudes en el metro, en los tianguis y en las giras políticas de AMLO).

SALIR IMPLICA UN RIESGO, Y LA NUEVA NORMALIDAD ES UNA LATA, pero LA VIDA SIGUE, aunque esté atenuada x miedo al contagio.

Como corolario del viaje, decidí hacerme la prueba del Covid-19 al regresar a Cancún x mera precaución. Vamos a ver: los resultados te los entregan a las 72 horas.

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