Las grandes narraciones del turismo mexicano continúan sirviendo de referencia, aunque cada vez más alejadas del momento y situación actual.
Y es que el país sigue dando pasos hacia adelante, modernizándose y empujado por una constante ebullición.
Hablamos pues, de un turismo que sigue siendo “turismo mexicano” pero adaptado a las nuevas demandas y que, pese a convivir con la rémora de la inseguridad, sigue disponiendo de unos niveles de competitividad y voluntad de progreso nada desdeñables.
Realidad que exige pactar constantemente normas, regulaciones, objetivos y procedimientos tanto a nivel macro como micro.
Y es que el turismo nacional va a seguir desarrollando formatos y procesos especiales, dispersos y atomizados que tienden a dignificar su multi oferta y destinos, donde el paraguas común e institucional que representa México le ha de dar cobijo estratégico hecho que posibilita y ha de posibilitar un beneficio de ida y vuelta.
Pero su “actualización turística” no sería comprendida si no se apoya y enfoca principalmente en la digitalización del sector e instituciones, su sostenibilidad ecológica, la utilización de la Inteligencia artificial además de dotar de un tratamiento especial a su seguridad.
Por lo tanto y para los gestores públicos, además de los procesos “normales” de todo destino, sería conveniente que se desarrollara una “actualización anual y obligatoria de seguridad” en escenarios locales, que es donde se dan las situaciones violentas, y desde donde surgirían análisis y resultados mucho más concretos.
Con ello, no se persigue la emancipación de las políticas de seguridad federales y estatales, sino que se desea enriquecer esa centralidad desde la elasticidad, autonomía y estructuras de funcionamiento, todos necesarios para gestionar momentos clave de convivencia y desarrollo sectorial.
En definitiva, pensemos que la seguridad es el lugar donde el turismo cultiva su relación e interés con lo indispensable.