La revista TIME nombró al chef Ricardo Muñoz Zurita como "Prophet and preserver of culinary tradition"(Profeta y preservador de la tradición culinaria) en 2001. Este reconocimiento bien resume su labor fundamental como pionero en la investigación, difusión y preservación de la gastronomía mexicana, contribuyendo a su inclusión como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
-¿Cuándo descubriste que eras OVEJA NEGRA?
Hubieron 3 etapas en mi vida en que definieron el color negro de mi piel.
Ya desde la primaria y la secundaria me di cuenta que a mis compañeros les interesaba ir a jugar al fútbol. A mí por el contrario, me encantaba la literatura, la poesía y la música, más culterano. Luego viene la etapa en la que decido estudiar y hacer cocina, con lo cual hasta mi padre nunca estuvo de acuerdo. Eran otras épocas en las que no era común la carrera, entonces ahí ya era Oveja medio manchada con la tinta negra. Pero cuando digo que soy chef, pero de cocina mexicana, ahí sí me convertí en una terrible OVEJA NEGRA. Y ojo, porque junto con esa terrible conversión vino mucho desprecio, mucho desdén, sufrí discriminación por lo que yo quería hacer. Fue muy duro. Yo recibí muchas vejaciones y muchos desagravios, porque la cocina mexicana no se estilaba. Y además, me metí a la academia, como un caso muy raro, y a la investigación como precursor.
-¿Cómo te describes con 3 adjetivos?
Ay caramba. Creo que soy muy intenso y muy Pro: pro cultura, pro profesional y pro mexicanista.
-Ricardo, ¿Por qué te decides por la gastronomía?
En aquella época no era una carrera en boga, eso ya es ahorita por todas las celebridades, pero ni en sueños lo que me tocó vivir. Todo esto ha cambiado y suena como un sueño ó una pesadilla. Sin embargo, estudié primero Administración de Empresas Turísticas. Después Gastronomía en el San Diego Community Collage en California, además de Le Cordon Bleu de París y en The Culinary Institute of America en NY.
-¿Cuál fue tu percepción?
Estamos hablando en los 80s cuando entro a la cocina. En la época no había referencias de toda la gama de cocinas, incluyendo la mexicana y la que entonces se servía no tiene nada que ver con la de ahora. La cocina que rifaba y la que valía era la cocina francesa, después un poco la comida italiana y la española. Eso ocurría en el ámbito mundial, no nada más estaba pasando en México. Recuerdo entonces ya tenía un lugar también especial la comida china, pero no estaba como clasificada dentro de estas grandes cocinas, ó la comida japonesa todavía no aparecía, ¡imagínate! y en lo que es ahora se ha convertido.
-¿Por qué tu redención a la cocina mexicana?
Como te mencioné, había un gran desprecio, o vamos a llamarle abandono u olvido a la cocina mexicana, como en muchas otras. A mí me tocó en lo profesional un mundo muy francés, pero en lo personal me tocó una familia muy tradicionalista en la que mi mamá cocinaba todos los días y el menú era rico y variado, y yo estaba enamorado de eso, de lo que mi mamá cocinaba, pero que también cocinaban las vecinas, pero que también cocinaban las tías, pero que también cocinaban las abuelas.
Sin embargo, yo no veía los platos de mi casa o algo parecido, y fue como que lo que más vi desprotegida fue la cocina mexicana y por eso decidí que tenía que abocarme a ella.
-A la distancia…
A 40 años de distancia, o a 37 años como profesional, veo que muchos chavos dicen: “ya perdimos al chef Muñoz Zurita”, por esa insistencia, porque desconocen lo que viví como pionero, desconocen lo que fue y en la ebullición en la que se ha convertido la gastronomía mexicana tras el paso de muchos de nosotros.
-Rompiendo techos…
Sí, uno de los grandes méritos, y yo espero que me lo den, no por otra cosa, sino porque verdaderamente lo hice, fue el crédito en la Academia. A mi regreso a México y con todo este conocimiento que traía, el único trabajo al que yo podía aspirar en ese momento era la docencia, a dar clases. Y ahí es donde me empiezo a dar cuenta de que no estaba incluida la materia de Cocina Mexicana en ningún plan de estudios. Y entonces abogué por su inclusión en diversas universidades como en Ambrosía, en la Universidad del Claustro de Sor Juana, entre otras, que han trascendido en todo el país, y en efecto, fui el primer maestro de muchas de esas clases de cocina, y también en este ámbito se gestaron muchos grandes y muy buenos docentes.
-Otra aportación a México, la investigación, a las cocinas regionales, al rescate de ingredientes…
La investigación ha estado presente en mi vida durante esos 37 años, y aunque en los últimos casi 10 años no he publicado ningún libro nuevo, eso no significa que no esté investigando. Estamos produciendo una arca del conocimiento que la vamos a dar a conocer.
-¿En qué consiste?
Será a través de una plataforma,
pero van a estar recetas incluidas de todo el país y entrevistas que yo también le he hecho a otras personas sobre vinos, sobre café mexicano, sobre mezcal, sobre el sotol y todos nuestros destilados, en fin, todos nuestros grandes productos y cómo han evolucionado en los últimos 10, 15 años, entonces hay que ponerles también atención.
-¿Cuántos libros has escrito a lo largo de tu vida profesional?
Entre autorías completas y colaboraciones importantes, son alrededor de 13 libros.
-Lo tradicional contra la tecnología…
Irremediablemente me he metido en el asunto tecnológico porque a ver, yo no cocino como cocinaba hace 30 años. Primero maduré, aprendí, evolucioné y todo, pero no se puede negar que todas estas nuevas técnicas de cocción que están habiendo, sobre todo para las carnes, que estoy fascinado con ellas. Me queda claro que no por hacer cocina tradicional, como bien dice un colega, ando en burro o en caballo.
-Los productos mexicanos en peligro de extinción… ¿Qué estás haciendo en torno a algunos ingredientes mexicanos para salvaguardarlos, como el chichilo de Oaxaca?
A ver, me gustaría hablar del chichilo ya que lo mencionas y es un claro ejemplo de esta tarea. Un día de tantos llegué a Oaxaca y empiezo a preguntar por los 7 moles y todo mundo hacía referencia del chichilo, pero resulta ser que la gente solo lo preparaban en casa, era imposible de encontrarlo en algún restaurante. Y ese es uno de los ejemplos por los que una de mis tareas permanentes es incluir platillos que no aparecen en la cocina mexicana y que solamente nos hemos quedado con unos cuantos.
-Productos rescatados, casos de éxito…
En cuanto a la recuperación de los ingredientes, yo añadiría 2 cosas, sí hay mucho de salvamento, aunque por ahí algunos dicen que no, pero sí. He contribuido a rescatar y salvar muchos, como el chile chilhuacle, al mismo tiempo de algunos otros productos para que se ocupen.
Entonces, una vez dicho esto, pues a todos los que les gusta el chipotle, yo les enseño el chile pasilla de Oaxaca o chile mix, que es un chile ahumado rojo, delicioso y que en algunos aspectos organolépticos incluso supera al mismo chipotle común, tal vez por el extremo cuidado que le ponen los mixes al ahumado de los chiles.
Y por el otro lado, en el norte del estado de Oaxaca, está Cuicatlán, que es la región de la Cañada donde se produce un chile que verdaderamente estaba en peligro de extinción, que era la familia de los chihuahuas (el chihuahua amarillo, el chihuahua rojo y el chihuahua negro).
¿Y por qué son importantes y por qué metí las manos ahí, pero ahora sí hasta la tierra? Porque con el chihuahua amarillo se hace el mole amarillo; con el chilhuatle rojo se hace el colorado, el rojo y el manchamanteles; y con el chilhuatle negro se hace el mole negro y se hace el chichilo negro.
Todos esos chiles son la base de los 7 moles de Oaxaca.
-Difusión de los platillos e ingredientes, pero el tema del campo…
Entre el que mueve la tierra y el que maneja la comercialización debiese haber un círculo virtuoso, pero se pierde porque a veces no tienen los apoyos suficientes. En mi caso particular, ayudo a propiciar el precio justo, sin intermediario. Yo trabajo mucho en eso. Podría hablarte de la gente de la Huasca Hidalgo, a quienes compro mis jitomates Gerlum; te podría hablar de la flor de Jamaica que se la compro a Michoacán o los recados (blanco, negro y rojo) que se los compro a productores de Yucatán.
Hay quienes ni se ocupan y a quienes ni les interesa. Muchos chefs y restauranteros tienen proveedores que les facturan y ya, sin embargo, yo para poderles comprar esos chiles y esas verduras he tenido que ayudarles a los productores hasta con la facturación para poderles comprar legalmente. No es solo el ‘ay sí, si le compramos a productores locales’, no pues fíjate que no.
-Fuiste parte importante para que la cocina mexicana se convirtiera en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. ¿Cómo fue el proceso?
El documento como tal no lo escribí. El primer manuscrito lo hizo la gran célebre y la gran maestra de maestras en la investigación gastronómica en ese país, que es Cristina Barros, ella se cocina aparte, como decimos.
Pero sí es cierto que el Diccionario Enciclopédico de la Cocina Mexicana fue uno de los textos que se tomaron como ejemplo para mencionar por qué la cocina mexicana tenía que ser patrimonio de la humanidad.
Pero donde fui el más activo y el más prolífico de todos es en llevar la cocina mexicana a Francia, donde están las oficinas mundiales de la UNESCO y donde servimos cenas en el Hotel Bristol para que llegara el jurado. Ahí todas esas cocinas estuvieron a mi cargo. Participaron otras personalidades como Rubí, Gerardo Vázquez Lugo, y muchas otras personas, el que se encargó que eso llegara hasta un buen fin, fui yo.
Al principio, la UNESCO no nos dio el sí, fue denegada la postura porque en ese momento le estábamos hablando en chino o más bien en mexicano.
Para entonces escribí un artículo que se llamó “El día que México se adelantó al Mundo”, porque fuimos el primer país que propusimos tener la cocina mexicana como patrimonio cultural de la humanidad.
La UNESCO decía que no tenían registrado algo así, decían “tenemos paisajes, tenemos monumentos, tenemos ciudades, tenemos iglesias, tenemos, pero cocina no”. Nos pidieron que esperáramos.
Finalmente el 16 de noviembre de 2010, en Nairobi, Kenia, fue decretada la gastronomía mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, gracias al caso de La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva – El paradigma de Michoacán.
Y con ello, los reflectores mundiales voltearon a ver a México y su comida.
Fue Alicia de Angeli, a quien quiero mucho y estimo, a quien le cedí mi lugar, pero fueron mis cocineros.
¿En qué repercutió que la cocina mexicana sea Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad?
Bueno, no lo hemos sabido aprovechar. Ahí ha habido una falta gubernamental, y no del anterior sexenio, sino desde el sexenio de Calderón, que fue cuando nos dieron el registro. Esperaba que se hubiera hecho un instituto de investigaciones, un colegiado o una escuela, y nada de eso pasó ni ha pasado, porque se corrompió también la idea, y lo he dicho públicamente. Gloria López Morales se adueñó de todo ese concepto y al gobierno de Calderón y al gobierno de Peña Nieto no les interesó para nada el tema. Y el gobierno de AMLO, no supo ni en dónde está el certificado, el cual está en casa de Gloria López Morales.
-¿Hubo alguna iniciativa en la administración de AMLO?
La verdad, lo que sí nos atrasó muchísimo fue la pandemia. Sin embargo, la entonces Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, fue una mujer muy enterada, muy ocupada y preocupada por la gastronomía, y empezó por algo que yo estoy muy de acuerdo, que es la cocina indígena, pero les faltó presupuesto y se los comió el tiempo.
-Ricardo ¿Qué le ha faltado a la cocina mexicana par
a que se convierta en un gancho turístico, como la cocina de Francia, España o Perú…
Ha faltado precisamente de una política pública que impulse el estudio, la academia, la investigación en la cocina mexicana, y te pongo un ejemplo muy claro. Por ejemplo, los que están estudiando gastronomía actualmente llevan uno o dos semestres de cocina mexicana y todo lo demás de otros tipos de cocinas. Y yo creo que debería ser al revés, que deberíamos tener mucho más cocina mexicana y lo otro verlo como un aspecto cultural, pero lamentablemente no es así. Pero eso es falta de una política pública donde la SEP debería de intervenir.
-Promoción y difusión…
Por ejemplo, la política pública también está en la promoción y difusión de la cocina mexicana en el mundo entero. Deberíamos de haber chefs que estuviéramos viajando constantemente, hacer demostraciones de la cocina mexicana.
-Referentes exitosos…
Por ejemplo, en el caso de la cocina peruana, fíjate que es curioso porque hace como 7 años en una entrevista dije que se nos adelantó y hoy vuelvo a repetir lo mismo, no porque sea mejor ni peor, eso no lo voy a tocar, pero se nos adelantó porque Perú hizo una política pública para la gastronomía y se dedicaron varios años a publicitarla por todo el mundo a través de demostraciones, degustaciones, conferencias e investigación, soportadas con grandes presupuestos. En México no ha ocurrido nada, no obstante que es patrimonio de la humanidad; el gobierno tiene que dar respuesta a la unidad pública.
-¿Qué se requiere para que ocurra?
Yo creo que tendría que haber un instituto, no sé cuál sería el nombre, si colegio, instituto o escuela de cocina mexicana permanentes, donde no nada más se den clases de cocina, sino donde exista un programa de investigación permanente de cómo mejorar y de cómo hacer las cosas mejor, porque hay cosas muy tradicionalistas que ya se pueden hacer de otra manera.
Te pongo el ejemplo más fácil. Tradicionalmente las salsas se hacían en molcajete, pero actualmente estamos ocupando la licuadora, cuando hay que reconocer y promover la importancia de ese utensilio ancestral.
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¿Hay presupuesto para la investigación?
Jamás, nunca. Tuve la suerte de obtener un importante recurso en 1996 (2 mdp) para la fotografía del Diccionario Enciclopédico que se editó en Clío, y fue aportación del señor a quien yo cariñosísimamente le llamo el viejo Herdez, cosa que siempre se lo agradeceré y siempre lo diré.
A mí ya me tocó conocerlo algo mayor y antes de morir dejó 500 mil pesos en el año 2000 para que hiciera el libro “Verde en la Cocina Mexicana”. Es así como he llegado a tener algún apoyo o patrocinio, pero de ahí en fuera todo ha salido de mi bolsa. Es un estilo de vida; ya lo entendí así. No tengo un hijo, pero tengo la investigación que gasta igual o más, porque lo que la gente muchas veces no sabe es que para sacar una receta a veces te llevas días y tienes que volar o viajar al lugar y ver a la persona que te lo va a enseñar y todo, luego regresar y hacerla en para ver si te sale como te lo enseñaron. Entonces cuesta muchísimo también una receta inédita que no te la robes de otro libro porque eso se da mucho.
-Ricardo, has logrado un gran acervo de investigación del norte al sur del país ¿Tú crees que se pueda construir un nuevo platillo nacional?
Es probable, pero para que esas cosas sucedan tienes que ser un conocedor de la cocina de tu país.
-El tema de los celebrities chefs, ¿Afecta o no a la in dustria?
No, yo sí lo veo muy bien porque primero, colegas y yo incluso dentro del grupo hacemos una labor importante y necesaria porque somos promotores y somos objeto de deseo, objeto de admiración y ello repercute tanto en la difusión de nuestra gastronomía, como el legado a nuevas generaciones; sí es importante y sí es necesario. Aquí en Cancún tenemos una decena de ellos, tal vez uno de los más prolíficos en ese sentido sea Jonatan Gómez Luna, pero hay muchos otros, como Federico López; saldría una retahíla de nombres que habría que hacer, pero sí, hay muchos.
-¿Cómo has cocinado la fama de celebridad?
Todo lo que tengo y todo lo que hago es producto de mi trabajo y del estudio.
Una vez que has trabajado y lo estudias, diriges hacia dónde quieres llevar el estilo de cocina, porque por ejemplo, para no meter a más gente en el chisme, el caso de Federico López, en el caso de Jonatan Gómez Luna y mío, coincidimos en muchísimas cosas, pero cada cocina es diferente. Somos como chile, mole y pozole, pero no en la amistad y no en el profesionalismo y no en la admiración, porque los admiro mucho.
-Háblanos de tu más nuevo proyecto en Cancún…
Litoral es el resumen gastronómico de todas las recetas importantes, las más famosas de los litorales de México, incluyendo el mar Pacífico, incluyendo el Golfo de México, incluyendo el Mar Caribe.
Y tenemos cosas que para mí son muy necesarias, porque volvemos, ¿Te acuerdas del tema del chichilo negro de hace un ratito que todo mundo hablaba de él, pero que en ningún lugar lo servían? Pues así le pasa al huachinango a la Veracruzana, a los tamales barbones, al tamal de huitlacoche con camarones, a los pulpos jarochos, al pescado tikin-xic, pero en este espacio cocinados muy a mi estilo, muy a como yo los entiendo, pero sobre todo como los conocí cuando los investigué, muy a como me los dieron a comer y como me los hicieron saber.
-Los 3 imperdibles de Litoral…
Del Mar Caribe, el pescado tinkin-xic como lo aprendí en Chuburná. Del Pacífico, el aguachile negro. Y del Golfo de México, pues indiscutiblemente el huachinango a la Veracruzana y los camarones en pipián de Tamaulipas.
LA CONFESIÓN DE UN CHEF
-Cómo chef ¿Qué debieras de confesar?
Que he pecado mucho en palabra, obra y omisión.
Hay muchos colegas a los que admiro y respeto por su gran creatividad dentro de la cocina contemporánea, sin embargo mi propuesta va más allá, en el sentido de que para mí, cambiar un ingrediente, una técnica o una presentación de lo que las cocineras tradicionales me han confiado sería traicionar un legado, y esa es una responsabilidad que conlleva la investigación y la preservación de la cultura gastronómica de México, a la que he dedicado 4 décadas de mi vida.
Y si eso es un criterio que no aplica para una Estrella Michelin, pues entonces no habrá Estrella. Lo que de ninguna manera significa que no sea un gran halago para todo chef este reconocimiento mundial.
Y en este tema tengo una acotación. Me da gusto saber que existe una Estrella Verde en reconocimiento a chefs y restaurantes con prácticas sostenibles y su compromiso con el medio ambiente, sin embargo, creo que no todo se debe cortar con la misma tijera, en el sentido de que creo que también debería de existir en un país tan particular como México una Estrella donde la preservación de la cultura gastronómica, las tradiciones gastronómicas y la salvaguarda de la de la cocina tradicional mexicana, debería ser tomada en cuenta. Y ¿por qué lo digo? No todos los países tienen una tradición milenaria gastronómica como la que tiene México, pero en nuestro caso somos, además, un país con una cocina nacional que incluso la UNESCO reconoce como un PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD por su importancia histórica, y creo que esto no está puesto en contexto y debería de ser algo que debería de estar debido a su relevancia.
RICARDO MUÑOZ ZURITA AL DESNUDO
-Ricardo, ¿Qué aprendizaje te dejó la pandemia?
Además de un gran sufrimiento y un gran desfalco económico, porque sí hice frente a pagarle a los empleados en todo este tiempo, mi mayor aprendizaje fue de que no podemos dar nada por seguro, ni un viaje, ni una compra, ni una venta, nada es seguro.
-Si hubiese una película que describiera tu vida, ¿Cuál sería?
No la hay, pero tendría que ser como una suerte de luchador social gastronómico, una cosa así. Yo creo que podrían hacer ¡una de mi vida! Sazón y condimentos no le iban a faltar.
-Ricardo, ¿Qué canción desnuda tu alma?
Varias…“Si yo fuera como ellas”, cantada por Nacha Guevara, la de “Eva”, que habla de la vida de Eva Perón, y “Aquí me quedo, aquí nací y aquí me muero”, de Eugenia León. Todas de algún modo reflejan mi vida, describen mi pensamiento y mi forma de ser.
-¿Cuál ha sido el quiebre más fuerte que has vivido?
Un gran quiebre en mi vida ocurrió después de California y después de París, lo que quería era regresar a México, contra todo pronóstico, incluso de mis hermanos y de mi familia, que nos queremos mucho, quienes me decían, “pues ya estás en el extranjero, ya quédate allá”. Pero a mí me faltaba Bellas Artes, me faltaba la Alameda, me faltaba el Zócalo, me faltaban todos los aromas y todos los sabores de la ciudad, con todo y sus problemas.
-¿Tienes algún complejo?
Sí, quisiera ser más delgado.
-¿Tu trauma?
En los últimos 10 años con terapia, tengo que decirlo, he venido solucionando muchas cosas, de hecho internamente soy mucho más feliz ahora, pero sí es producto -y les doy un gran consejo- de ir al psiquiatra.
-¿Cuál ha sido tu mayor acierto?
Decidirme por hacer cocina mexicana y cumplirlo. Esa determinación ha sido mi mejor acierto de todo. Y también hay otro acierto, aprender a decir que no.
-El Caribe mexicano…
El enamoramiento del Caribe mexicano lo he tenido desde que era muy pequeñito, al ver sus espectaculares playas en anuncios. Luego visité Cancún por primera vez en 1989. Y posteriormente, he sido invitado por muchas cadenas hoteleras en importantes colaboraciones, como en el caso de Posadas de México, por supuesto, Xcaret, y de otras como chef invitado en diversos festivales, y ahora estoy en Litoral. Y sin olvidar aparte de ser un gran colaborador desde su fundación de OVEJA NEGRA, que es parte de mi vida.
-Ricardo ¿Gallina vieja hace mejor caldo?
De gallina vieja se hace mejor caldo, ¿no? Jajaja
-Del plato a la boca se te cae…
No solo la sopa, hay muchas cosas, sobre todo en el caso del amor, o laboralmente hablando de prospectos que tú crees que iban a salir muy bien y no…
-¿Qué has tenido congelado?
Ay, trato de tener congelada la desilusión.
-¿Qué se te ha quemado?
Casi todo tiene que ver con el amor.
Sí a veces me he dado unas chamuscadas. pero a ver, tengo que aclarar, soy muy feliz y he sido muy feliz con mis relaciones. Nunca me he casado, porque he tenido esa alma libre.
-¿Con qué te has intoxicado?
Con el camarón echado a perder.
-¿Qué platillo nunca cocinarías otra vez o cuál te ridiculizó públicamente?
Ay, un mousse de chocolate mexicano que lo hice para televisión en vivo y ¡los tiempos no me alcanzaron!
-Ricardo ¿Gallina vieja hace mejor caldo?
De gallina vieja se hace mejor caldo, ¿no? Jajaja
-Del plato a la boca se te cae…
No solo la sopa, hay muchas cosas, sobre todo en el caso del amor, o laboralmente hablando de prospectos que tú crees que iban a salir muy bien y no…
-¿Qué has tenido congelado?
Ay, trato de tener congelada la desilusión.
-¿Qué se te ha quemado?
Casi todo tiene que ver con el amor.
Sí a veces me he dado unas chamuscadas. pero a ver, tengo que aclarar, soy muy feliz y he sido muy feliz con mis relaciones. Nunca me he casado, porque he tenido esa alma libre.
-¿Con qué te has intoxicado?
Con el camarón echado a perder.
-¿Qué platillo nunca cocinarías otra vez o cuál te ridiculizó públicamente?
Ay, un mousse de chocolate mexicano que lo hice para televisión en vivo y ¡los tiempos no me alcanzaron!
Claro, llevaba uno ya hecho y fue el que acabé por presentar. Pero sí, me sentí muy mal en televisión nacional cuando hice eso, lo bueno es que ya nadie se acuerda.
-¿Qué tienes enlatado?
Ahorita tengo enlatado la plataforma de la cocina mexicana, de hecho ya compré los derechos, el nombre y el dominio (cocinamexicana.com). Estoy seguro que será uno de los mayores acervos gastronómicos de la cocina mexicana jamás escrito.
-Si fueras un ingrediente, ¿cuál serías?
Chile ancho. Tiene mucho sabor, da color y es muy universal, de verdad, está en en casi todo (adobos, moles, pipianes), y así soy yo, siempre aparezco en todo.
-¿De qué eres el ajonjolí?
De la Cocina mexicana académica. Siempre estoy, a veces por amor, desamor o desprecio, pero siempre me invitan.
-¿Con qué platillo has conquistado?
Uy, con el chile en nogada, te digo.
Y que conste que el chile poblano es el que se convierte en chile ancho, entonces yo estoy ahí omnipresente en fresco y en seco.
¿Qué utensilio serías?
Ay caramba, yo creo que un batidor, porque con eso mezclas, juntas y salvas todo.
-¿A qué le echas muchos huevos?
Aparte de los omelettes, a mi cultura personal. Me procuro mucho, siempre estoy tratando de aprender algo (literatura, pintura, escultura, música), esa es una parte que siempre la tengo muy cuidada y a esa sí le echo muchos huevos y tiempo.
-La cereza de tu pastel…
Una gran cereza del pastel es cuando sale un nuevo libro, eso me hace tremendamente feliz; a veces no sé si soy más investigador que chef.
-¿Qué palabra te tatuarías?
Me tatuaría la palabra “YO”.
-¿Cuál es tu grosería favorita?
Mi grosería favorita cambia según la circunstancia, pero la de hijo de la chingada es la que más ocupo incluso hasta para hablar de alguien positivamente.
-Ricardo, ¿te han trasquilado?
Sí, cómo no. En pro del amor uno hace muchas cosas y nunca faltan los abusivos. Una vez tuve un amor que se llevaba -como ese robo hormiga, cualquier dinerito que quedaba por ahí, algún maletín de una marca muy fina, y cosas así.
-¿Te gustaría trasquilar a alguien?
No, es un sentimiento que no lleva a nada y además tengo comprobadísimo que todo lo que haces se te devuelve, bueno o malo.
-Hablemos de tus placeres culposos…
Bueno, uno que sonaría muy obvio pero que es muy cierto es la glotonería. Soy muy glotón, me gusta comer de todo, hago de todo, como de todo (salvo el papaloquelite, jajaja).
No, tengo el de la avaricia. Sí tengo el de la lujuria, porque las personas que viven en plenitud sexual, viven en plenitud de vida; el sexo es una parte muy importante en la vida.
-Y a propósito ¿Cómo vives tu sexualidad?
Pues muy dignamente, abierta y activamente, o sea, siempre tengo un compañero sexual, pero que también es amoroso, pero que también poliamoroso.
-Ricardo, si fuera tu última cena, ¿cuál sería tu menú?
Ya lo tengo bien pensado, sería mole negro con champán. Y de postre la compañía, porque está claro que no cenaría solo.
-Si vieras a Dios, ¿Cuál sería la primera palabra que le dirías o la frase?
Iba yo a reclamar tremendamente, o sea, cualquier palabra análoga a una reclamación. Si fuera Jesús le diría: “ ¿Tú dónde has estado?”… Y es que en nombre de Dios se han hecho muchas cosas horribles: las cruzadas, las matanzas, los quemados en vivo por este Dios que no termina de llegar y que nos mandó a su hijo hace 2000 años y que pues ya tendría que haber vuelto. Lo confieso, yo no iría a una misa de acción de gracias, pero si organizan una misa de acción de reclamos, ahí estaría en primera fila. Mi Dios me ha quedado a deber.
-Ricardo, ¿Qué te gustaría dejar como legado?
Los libros que he escrito son un legado porque es conocimiento, es fuente de información, pero sí me gustaría dejar un legado, que va a sonar simple y churrigueresco, pero me gustaría dejar que, por ejemplo, que los que nacemos en esta tierra tuviéramos amor por México. Hay muchos que lo amamos, pero hay muchos que no lo aman, y a veces no entiendo la razón. Si tuviéramos amor por México, no nos pasaríamos los altos, no tiraríamos la basura en la calle, no tiraríamos plásticos en nuestros mares, no destruiríamos nuestras selvas…
-¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?
Fue buen mexicano.
-Y hoy te declaras OVEJA NEGRA por…
Por mis convicciones, por mis creencias, por mi manera de ser, que sí, es muy diferente y en muchos sentidos a la de muchos otros.
Afortunadamente hay un gran rebaño de OVEJAS NEGRAS también que movemos el mundo y que hacemos mucho más que las ovejas blancas.