Perdón por la reiteración, pero me veo obligado a hacer mención de la escalada bélica existente y su incidencia en un turismo de nuevo muy condicionado.
Nadie puede negar que se están viviendo momentos de alta tensión donde el futuro de las relaciones internacionales y el turismo se están viendo ensombrecidos por esta nueva contienda, al margen de estar cerca o no de su centro neurálgico.
Y es que, aspectos como el transporte, el precio de los combustibles, los precios en general, seguros de viajes, alteración en las conexiones, políticas de bloqueo, la ubicación territorial y los factores psicológicos que anidan en todo turista; hace que el turismo mundial se encuentre en situación de gran incertidumbre.
Hecho que no se da de manera homogénea, sino que la proximidad – lejanía física, cultural y de los intereses; hará que algunos países capeen este temporal mejor que otros.
Queda claro que motivos externos y de acceso condicionan la llegada de los turistas, pero una vez en destino, la responsabilidad recae sobre los agentes locales.
En ese sentido, superado el temor y los obstáculos comentados, se puede adelantar que los turistas van a seguir apostando por México algo que satisface, si bien con cierta cautela por el grado de seguridad que se van a encontrar.
Y es que, aunque no se llegue a percibir la sensibilidad de los turistas en tiempos de crisis, ésta sigue estando a flor de piel.
Por todo, sería aconsejable que en las acciones de marketing se priorizaran los mercados internos, reincidentes y de proximidad, ya que se reducirían los riesgos en los desplazamientos amén de que dichos turistas se adaptarían más rápidamente a las relaciones y seguridad existentes.
No olvidarse de dotar estos contenidos a las acciones de promoción. Todo en un contexto, donde se debe exportar una realidad turística mexicana más humana, hedonista y actualizada.