Para lo bueno y lo malo, el turismo es uno de los sectores más sensibles por la imagen y reputación que genera y transmite.
La distancia entre los mercados y destinos hace que la promoción y comercialización sea muy diferente si la comparamos a otros sectores productivos.
El acercar las propiedades de los destinos obliga a utilizar estrategias y tácticas especiales para no perder la iniciativa ante la competencia, clientes y mercados.
Es por ello que entre los empresarios e instituciones turísticas las acciones de promoción son definidas no sólo como importantes, sino como determinantes para sus intereses y objetivos.
Se trata de procesos a veces etéreos e intangibles que, desde ciertos estamentos se llega a minusvalorarlos, además de considerar que carecen del “rigor” necesario.
En este sentido, en un artículo anterior dejé escrito un comentario que deseo rescatar “No desechemos la capacidad de optimizar escenarios que tiene la actividad turística”, porque teniendo en cuenta el momento social y político que está viviendo México, no sería descabellado que su promoción turística adquiriera un mayor protagonismo por la creciente necesidad de transmitir climas e ideas positivas que contrarresten el momento que le está tocando vivir como país.
Por otro lado, estamos a las puertas de un acontecimiento clave como es el Mundial de Fútbol, que considero se ha de aprovechar inexcusablemente.
Somos conscientes que la realidad violenta no se puede borrar con meras acciones de promoción y proyección turísticas, pero nadie puede frenar la misión de proyectar otras realidades más, en vísperas de dicho evento deportivo.
Se abre pues, un campo de maniobra extraordinario con un doble objetivo: la mejora nacional y turística.
Hagamos que la singularidad turística sea utilizada desde otros estamentos. Para ello, actualicemos nuestro discurso y poder de convicción e identifiquemos las personas e instituciones con quien citarse. Hablamos de una generosidad real y a la vez, estratégica.